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¿Y si la IA nos permitiera pasar de sobrevivir a vivir?

Una reflexión sobre inteligencia artificial, futuro del trabajo y qué lugar tendrá el ser humano si algún día trabajar deja de ser necesario para vivir.

Una persona contempla en silencio un paisaje donde una ciudad industrial se transforma en un futuro integrado con la naturaleza.
Usar con IA
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Hay algo que me produce la inteligencia artificial que todavía no sé explicar del todo.

Desde hace tiempo me interesa una idea que no depende de la IA: pasar de sobrevivir a vivir. Creo que incluso dentro del mundo que hemos construido podemos buscar espacios para detenernos, conocernos, experimentar y simplemente estar, aunque muchas veces nuestras obligaciones hagan que no sea fácil.

Lo que me hace pensar la inteligencia artificial es otra cosa: ¿qué pasaría si la tecnología pudiera reducir una parte de esas obligaciones? ¿Si producir dejara de ocupar tanto espacio en nuestra existencia?

Ahí aparece una posibilidad que me fascina, pero también la incertidumbre, porque no sé si vamos a utilizar la IA para acercarnos a una sociedad donde tengamos más libertad para vivir o si terminaremos utilizándola para profundizar las mismas dinámicas de las que intentamos liberarnos.

Siempre he sido una persona curiosa. Me gusta explorar cosas nuevas, entender cómo funcionan y experimentar con ellas. En ese sentido, la IA ha sido extraordinaria: me permite acercarme a mundos que antes me habrían tomado meses o años explorar.

Y precisamente por eso me inquieta. No porque piense que deberíamos detener su avance ni porque crea que la inteligencia artificial sea inherentemente buena o mala. Mi preocupación está en otro lugar:

No me preocupa solamente que la IA nos reemplace

Se habla mucho de los trabajos que desaparecerán, y probablemente sea una conversación necesaria. Pero cada vez me pregunto más si el problema realmente es perder nuestros trabajos o si hay algo mucho más profundo detrás.

Durante gran parte de nuestra vida trabajamos para sobrevivir: para pagar dónde vivir, qué comer, cómo transportarnos, nuestra salud y, cuando podemos, algunas experiencias que hacen que la vida sea un poco más que sobrevivir.

Hemos construido una sociedad donde nuestra capacidad de producir está profundamente ligada a nuestra capacidad de vivir. Por eso resulta tan amenazante imaginar máquinas capaces de producir sin nosotros.

Pero hay otra forma de mirar el mismo problema: ¿qué pasaría si algún día realmente dejaran de necesitarnos para producir?

De sobrevivir a vivir

Imaginemos por un momento que la IA y la robótica avanzan hasta un punto en el que buena parte de lo necesario para sostener nuestra sociedad puede producirse de manera automatizada.

  • Alimentos
  • Transporte
  • Energía
  • Construcción
  • Servicios

Muchas de las cosas por las que hoy intercambiamos una parte importante de nuestra vida.

Nuestra primera reacción probablemente sería preguntarnos: ¿y de qué vamos a trabajar?

Pero quizás exista otra pregunta:

No estoy hablando de un mundo donde simplemente podamos consumir ilimitadamente mientras las máquinas trabajan.

De hecho, creo que parte del problema actual está precisamente en nuestra relación con el consumo y con los recursos del planeta.

Imagino algo diferente.

Un mundo donde la tecnología nos ayude a utilizar mucho mejor nuestros recursos y donde exista un mínimo que permita a cualquier persona vivir dignamente.

Donde nadie tenga que dormir en la calle.

Donde alimentarse, desplazarse, conocer otros lugares o experimentar el mundo no dependa completamente de cuánto valor económico sea capaz de producir una persona.

Quizás entonces podríamos hacer algo que nuestra forma actual de vivir nos permite muy pocas veces: detenernos.

¿Sabríamos qué hacer con nuestra libertad?

Aquí aparece otra duda: no estoy seguro de que estemos preparados para ese mundo.

Llevamos generaciones aprendiendo que debemos hacer algo:

  • Producir
  • Avanzar
  • Comprar
  • Resolver
  • Entretenernos
  • Buscar lo siguiente

Incluso cuando tenemos tiempo libre buscamos inmediatamente algo con qué llenarlo. Quizás si mañana desapareciera la necesidad de trabajar, simplemente inventaríamos nuevas maneras de mantenernos ocupados. Entonces la IA habría eliminado parte de nuestra lucha exterior sin cambiar absolutamente nada de nuestra lucha interior.

Para mí, ahí existe una posibilidad mucho más interesante: no utilizar nuestra nueva libertad únicamente para viajar más, consumir más, aprender veinte cosas nuevas o construir cien proyectos. Todo eso seguiría siendo, de alguna manera, entretenimiento.

  • Pasar largas horas en silencio
  • Detener por un momento el flujo constante de pensamientos
  • Observar nuestra propia existencia
  • Conocernos

Cambiar nuestra experiencia de la realidad no porque hayamos conseguido controlar todo lo que ocurre afuera, sino porque hemos aprendido a relacionarnos de otra manera con lo que ocurre dentro.

Tal vez llevamos siglos intentando transformar el mundo exterior sin aprender primero a experimentar nuestro mundo interior.

Pero hay un problema enorme

Todo esto puede sonar hermoso hasta que aparece una pregunta bastante incómoda:

Porque existe otro futuro completamente posible: uno donde la inteligencia artificial produce una abundancia extraordinaria, pero esa capacidad pertenece a muy pocas personas. Un mundo donde ya no necesitamos trabajar, no porque hayamos sido liberados del trabajo, sino porque nuestro trabajo dejó de tener valor, y aun así seguimos necesitando recursos para vivir.

En ese escenario no habríamos eliminado nuestra dependencia; solo habría cambiado aquello de lo que dependemos.

Y quizás este sea uno de mis mayores temores respecto a la IA.

No necesariamente que la tecnología se vuelva demasiado poderosa, sino que todavía no sabemos qué ocurrirá cuando algunas personas tengan un poder enorme gracias a ella.

La misma tecnología podría ayudarnos a administrar mejor los recursos del planeta, resolver problemas que hoy parecen imposibles y liberar una enorme cantidad de tiempo humano.

O podría profundizar muchas de las dinámicas que ya existen.

No sé cuál de esos caminos vamos a tomar.

A veces quisiera desconectarlo todo

Lo admito: hay momentos en los que pienso que quizá deberíamos simplemente apagarlo todo, detenernos. Pero inmediatamente aparece la contradicción.

Apagar la inteligencia artificial no solucionaría los problemas que existían antes de ella.

  • Nuestro consumo excesivo de recursos no comenzó con ChatGPT
  • La desigualdad no comenzó con los modelos de lenguaje
  • Nuestra obsesión con producir tampoco

Y la IA incluso podría ayudarnos a encontrar soluciones que hoy no somos capaces de ver. Por eso no creo que mi respuesta pueda ser simplemente rechazarla. Quizás necesitamos entenderla precisamente para poder cuestionarla; saber utilizarla para saber también cuándo confrontarla.

Nosotros tampoco somos espectadores

Hay otra cosa que me incomoda reconocer: es fácil colocar toda la responsabilidad sobre quienes construyen estas tecnologías, pero quienes las utilizamos también participamos de esta transformación.

Yo mismo utilizo inteligencia artificial constantemente.

Me permite aprender, diseñar, construir y explorar cosas que antes me habrían tomado muchísimo más tiempo, y eso me fascina. Pero la misma capacidad que permite que una persona haga muchísimo más también puede significar que hagan falta muchas menos personas para producir lo mismo.

Entonces aparece una pregunta para la que todavía no tengo respuesta:

No sé cuál es la proporción ni cuánto corresponde a las empresas, cuánto a los gobiernos, cuánto a quienes desarrollan los modelos y cuánto a nosotros. Pero me cuesta creer que nuestra responsabilidad sea cero.

Quizás el problema no sea perder nuestro valor

Hay algo extraño detrás de gran parte de nuestro miedo a la inteligencia artificial.

Parecemos necesitar demostrar que existe alguna cosa que siempre haremos mejor que ella:

  • Creatividad
  • Razonamiento
  • Arte
  • Empatía
  • Diseño
  • Programación

Como si nuestro valor dependiera de conservar alguna habilidad en la que ninguna máquina pueda superarnos.

Pero no estoy seguro de que necesitemos ganar esa competencia.

Venimos de un universo gigantesco que apenas comprendemos.

Quizás eso ya tenga valor por sí mismo.

Tal vez una máquina pueda algún día escribir mejor que nosotros, diseñar mejor que nosotros, calcular mejor que nosotros y resolver problemas que ni siquiera podemos comprender.

¿Eso haría que nuestra experiencia de estar vivos valiera menos?

Una tecnología que hace más para que nosotros hagamos menos

No necesitamos demostrar que siempre habrá algo que los seres humanos hagamos mejor que una máquina para que nuestra existencia siga teniendo valor.

Charlie Herrera

Hay una paradoja que no puedo dejar de pensar.

Estamos construyendo inteligencia artificial para hacer cada vez más cosas:

  • Más rápido
  • Con menos recursos
  • Con menos intervención humana

Y quizás una de las consecuencias más valiosas de conseguirlo podría ser exactamente la contraria:

que nosotros finalmente podamos hacer menos.

No para convertirnos en consumidores pasivos ni para pasar el resto de nuestra existencia entretenidos, sino para recuperar algo que quizá hemos ido perdiendo entre la supervivencia, las obligaciones y el ruido:

  • La capacidad de estar en silencio
  • Observar
  • Conocernos
  • Experimentar el simple hecho de existir

Pero para que algo así ocurra no basta con construir una inteligencia artificial suficientemente avanzada.

Tendríamos que preguntarnos:

  • Quién controla sus beneficios
  • Cómo queremos distribuirlos
  • Qué entendemos por una vida digna cuando el trabajo deja de definir nuestro valor

Y quizás lo más difícil: si después de construir máquinas capaces de liberarnos de una parte de nuestra lucha por sobrevivir, ¿seremos capaces de aprender a vivir?

No sé si ese será el futuro.

Tampoco sé si estamos construyendo algo que nos acercará a él o nos alejará todavía más.

Quizás por eso mi relación con la inteligencia artificial continúa siendo una mezcla extraña de curiosidad, incertidumbre y temor.

Quiero entenderla, utilizarla y descubrir hasta dónde puede ayudarnos a llegar. Pero también quiero seguir preguntándome hacia dónde estamos intentando llegar.

Porque quizás la pregunta más importante no sea qué va a hacer la inteligencia artificial con nosotros.

Charlie Herrera diseña y construye productos digitales, y es el autor de la metodología Falcux AI-First.

Conoce su historia

Aprendizajes de proyectos reales, herramientas que encuentro útiles y reflexiones sobre el trabajo y la vida. Te comparto por correo lo que voy descubriendo y las preguntas que me acompañan.